Sagrado Titular

El Señor de la Flagelación

La Sagrada Imagen Titular es una talla en madera policromada, a tamaño natural, realizada por el imaginero riojano Don Vicente Ochoa Moreno en 1968, por encargo de la recién fundada dos años antes Cofradía de la Flagelación de Jesús. Representa el segundo Misterio Doloroso: Cristo atado a la columna recibiendo el castigo de los azotes.

Fue bendecida el Martes Santo de 1968 por el entonces Prior Don Andrés Calvo Marín, durante los instantes previos a su primera salida procesional para el rezo del Vía Crucis, realizado por las calles aledañas a la Parroquia de Santa Teresita del Niño Jesús. Procesión principal ésta de la Cofradía que lleva realizando desde entonces, hasta nuestros días.

Se encuentra expuesto al Culto durante todo el año en la iglesia de Santa Teresita, entronizado tras el discurrir de los años en sus diferentes pasos procesionales, cambiando de ubicación en el interior del templo conforme ha convenido dependiendo de las reformas habidas. En la actualidad, sirve de gran retablo de la capilla acristalada con acceso desde la puerta principal de la calle Menéndez Pelayo.

En el año 2006, por primera vez las imágenes se desmontan del paso y pisan suelo firme. La talla del Señor fue sometida al único proceso de "restauración y mantenimiento" que hasta el momento ha necesitado a la par que las otras dos imágenes secundarias. El trabajo fue acometido en los Talleres Diocesanos de Santo Domingo de la Calzada y se trató de una limpieza superficial y el fijado de la policromía en algunas pequeñas zonas que se encontraron deterioradas.


A pesar del mal estado de conservación que presentaron las primogénitas andas sobre las que las imágenes reposaban, las cuales tuvieron que ser replicadas y sustituidas debido a que se encontraban seriamente atacadas por la carcoma, éstas últimas se presentaron totalmente sanas de xilófagos, seguramente gracias a la madera en las que fueron facturadas por las gubias de Don Vicente Ochoa Moreno, probablemente cedro real, el cual por su amargor suele ser impenetrable para los insectos que se alimentan de madera. 

Respecto a otras imágenes de la misma advocación, cabe resaltar la singularidad de la postura que inmortaliza la obra, con un Jesús abrazando la columna abatido, con las rodillas flexionadas hace el ademán de incorporarse de nuevo al martirio, paño de pureza como única prenda que le cubre, atado de muñecas está preso pero extiende sus manos para que nos sujetemos a ellas. Soporta el duro suplicio con un semblante paciente, que transmite calma, paz y amor a quienes lo contemplan.

Al pie de la columna, se observan los ropajes de los que ha sido despojado por sus verdugos. De tonalidades rojas, color que simboliza el poder, la sangre y la pasión.